Recuerdo sus ojos verdes y su mirada peculiar que podía bofetearte en un segundo o regalarte ternura y caricias con éxtasis. Aún visualizo aquellas piernas grandes bien formadas que se cruzaban con prepotencia y que estando un poco descubiertas distraían a cualquiera. Puedo casi tocar sus labios de seda que parecían cantar al hablar y nutrirte al besar. Escucho su corazón latiendo, poniendo en marcha a ese ser cargado de grandes atributos, no solo externos, también de adentro.

No hablo de un hombre, se trata de una autentica mujer. Anelé es de espíritu único que transmite alegría a su alrededor; es inquieta, astuta y de inteligencia práctica. Aborrecíamos las clases de química mientras planeábamos talentosas travesuras que iban desde ‘matar’ días completos de clases, hasta pretender que ella era bruja y yo su asistente para engañar así a nuestro flaco y larguirucho supervisor de practicas escolares a quien ella misma bautizo con el nombre del ‘resortes’ y quien nos pagaba por las sesiones en las que pretendíamos adivinarle el futuro.

Mi relación con Anelé se torno como un secreto y nunca supe por qué, tal vez se debió a esos pocos años de edad que me llevaba y que por algún motivo causaban algunas veces que los extraños por la calle, en lugar de ‘el novio’ me llamaran cuñado. Mi mamá solía colgarse de la lampara y me aconsejaba que lo mejor para el hombre era ‘una mujercita de su edad y no una experimentada’. Lo más chistoso fue que tiempo después, cuando empecé a conocer a ‘mis nuevos amigos’, mamá me insinuaba que viendolo bien, Anelé si le gustaba como para mi novia, aunque ya para ese entonces ella y yo disfrutábamos juntos viendo a los chavos de tanga bailar en el tubo.

Me quebré el seso durante mucho tiempo pensando en como informarle a Anelé sobre mi carente heterosexualidad. Me resultaba sumamente difícil imaginar el momento y su cara de asombro ante tremenda confesión pero, un día, luego de haber estado tirados como de costumbre en el pasto de un parque comiendo y meditando, le dije en un pretexto que por qué no nos dábamos un tiempo para ‘encontrarnos’… hubo un segundo de silencio y luego de verme a los ojos sin más preámbulo me respondió que lo sabía, desde el tercer día que nos conocimos. Yo no lo entendía, por supuesto estaba enojado; cómo era posible que no me lo hubiera dicho en esos dos años que pasamos juntos y, lo peor del caso, cómo pudo prestarse a tal relación si sabía todo sobre mi. Ella explicó que cuándo quieres a alguien pretendes cambiar sus sentimientos aunque luego te das cuenta de que eso es imposible. ‘Haz tu vida y se muy feliz’ concluyó, luego prometimos ser siempre amigos.

Estoy seguro de que existen personas que se casan sabiendo tal vez que su orientación sexual no es para con el sexo opuesto. En su afán de vivir una vida ‘normal’ continúan pretendiendo ser quienes no son y se olvidan a si mismas, se engañan y engañan a otros. Entre más pasa el tiempo la mentira crece y se vuelve más difícil de romper. Luego vienen otros problemas como el abuso físico, mental, la infidelidad y hasta la transmisión de infecciones sexuales. Creo que sociedad y religiones tienen gran culpa en ello al negar y rechazar una realidad que existe.

Yo lo único que se es que Anelé estará siempre en mi corazón. Nunca tendré palabras para detallar esa hermosa amistad que vivimos juntos en el pasado y nunca podre explicar del todo como aquella tarde descubrí el verdadero amor, que ahora nos mantiene juntos, aún en la distancia.

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